En el valle de Salta caía la tarde aquel jueves 7 de junio de 1821 no distaba de ser un día distinto hacia la Oración; irrumpen de pronto órdenes militares y fuertes gritos que provienen de la plaza central, a la vez resuenan numerosos ruidos de ojotas de suela en la calle cercana al inmueble de la Tesorería Real, hay aprestos de armas y preparativos de combate ¡¡ todo tiende a una emboscada !!, es que adentro de la casona se encuentra el gobernador de Salta, el general Martín Miguel de Güemes; su escolta, apostada vigilante no sabe aún que ocurre.
Una voz socarrona rompe el silencio: - ¡¡ Alto ¡¡ ¿Quién vive?-, la respuesta es espontánea: - ¡La Patria!-. Y otra vez el silencio envolvente como esperando una señal; alguien sale presuroso de la distinguida casa y se dirige a montar, en ese instante desde las sombras en fuerte grito se ordena: -¡ Fuego!- y decenas de arcabuces una y otra vez atruenan en las angostas calles y en los cerros; son demasiados, algunos jinetes caen malheridos, otros atropellan sable en mano frente a la masa uniforme que se había congregado sigilosamente, hay marchas y contramarchas, de los montados algunos logran llegar y cruzar el Tagarete de Tineo, hay francotiradores en las esquinas y en los techos. En medio de la fusilería mortal y de la noche, un disparo suena distinto, estremecedor, que no sólo alcanza a quien monta un alazán oscuro; porque el disparo no está dirigido sólo contra él, el disparo está dirigido al corazón de la revolución de Mayo, a la lucha Continental. No es hacia un hombre, sino hacia la Libertad, hacia las Provincias Unidas, hacia la Patria Vieja. (más…)